Massa se lanzó con críticas a Scioli, Macri y La Cámpora

En un acto en el estadio de Vélez, el diputado prometió “borrar a los ñoquis” de la agrupación K. Aseguró que le da “asco” la corrupción y dijo que él irá “por la avenida del medio”, lejos del sciolismo y del macrismo.

Hace dos años el triunfo de su Frente Renovador en la Provincia sepultó los planes de re-re del kirchnerismo, el sueño de una “Cristina eterna”. Anoche, con el relanzamiento de su campaña a estadio lleno en Velez, Sergio Massa buscó dar un paso hacia un desafío mayor, volver a parar a su fuerza como una alternativa en las elecciones de agosto y de octubre, y evitar una polarización del kirchnerismo con Mauricio Macri. “Fuimos el límite y hoy queremos encaminar a la Argentina rumbo al cambio justo”, dijo tras entrar al escenario sobre el filo de las ocho de la noche, envuelto en una lluvia de papel picado. “Quiero contarles un secreto –agregó generando suspenso-: voy a ser presidente”.

SDLqMe da asco la corrupción, los voy a meter presos porque no les tengo miedo”, sostuvo Massa en un discurso de media hora en el que se ocupó puntualmente de sus principales rivales en la carrera por la Casa Rosada. Sobre Scioli la carga fue personal y acaso una anticipación del tono que podría tomar la campaña para disputar los votos peronistas y explotar el malestar con el Gobierno: lo definió como “un servil lorito que repite y repite lo que le dictan desde la Rosada”. Y al proyecto presidencial de Macri lo asoció con “volver al ajuste, al helicóptero” en el que Fernando de la Rúa dejó la Casa de Gobierno al renunciar. “El camino no es el ajuste o la impunidad”, buscó terciar Massa, y volvió a apuntarle al centro político con su idea de una “ancha avenida”.

El líder del Frente Renovador hizo un fuerte eje en la seguridad –con críticas directas al ex juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni–, prometió luchar contra la inflación, la asignación universal por hijo por ley, y eliminar el impuesto a las Ganancias para los trabajadores porque “el salario no es ganancia”. Pero mucha más pimienta le puso a la noche cuando en alusión al desembarco en cargos públicos de los jóvenes cristinistas más allá de diciembre, prometió “barrer a los ñoquis de La Cámpora que nos quieren dejar como parásitos en el Estado”.

En el acto Massa jugó una carta muy fuerte para seguir en carrera, en una semana clave en que también formalizó su acuerdo para competir en las PASO con el gobernador cordobés José Manuel de la Sota, con el nombre Unidos por una Nueva Argentina (UNA), un espacio del peronismo disidente pero con vocación de convocatoria más amplia. De la Sota no estuvo ayer en Vélez, y tampoco el senador Adolfo Rodríguez Saá, de improbable incorporación al UNA, que dijo no haber sido invitado. El equipo de campaña massista distribuyó un oportuno video en el que referentes radicales de seis distritos (como el jujeño Gerardo Morales o el tucumano José Cano) que se opusieron al acuerdo UCR-PRO saludaron –con mayor o menor compromiso– la candidatura presidencial del hombre de Tigre.

El relanzamiento incluyó cambio de color en la gráfica, que pasó del negro al azul y blanco que se verá desde ahora, “más indicado para una presidencial”, dijeron en su entorno. Massa fue único orador, y en el escenario a sus espaldas hubo sillas para unos 200 dirigentes, entre ellos los precandidatos a gobernador Francisco de Narváez y Darío Giustozzi (en una jornada con versiones de su malestar y eventual regreso al oficialismo); los diputados Felipe Solá, Ignacio de Mendiguren, Mirta Tundis, Adrián Pérez y Facundo Moyano; los intendentes Joaquín De la Torre, Mario Meoni, José Eseverri y Carlos Acuña, entre otros. El massismo, debilitado en el último tiempo por algunas deserciones, escasos resultados para exhibir en elecciones distritales como Santa Fe o en la Ciudad, y encuestas (que Massa descalifica) que muestran un retroceso de su candidatura, hizo una demostración de fuerza y capacidad de movilización de los sectores del PJ que lo apoyan, como se vio en las tribunas y en los cientos de micros estacionados en Liniers.

Al final Massa hizo subir a su esposa Malena al escenario, para saludar juntos, e invitó a sumarse al resto de los dirigentes. “Llegó el día”, rezaba el eslogan en las pantallas de led, entre fotos y abrazos.

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