Mazzón: «Estoy más liberado para trabajar por la victoria del PJ»

Los gobernadores peronistas creen que recrudecerá la guerra entre el peronismo y La Cámpora.

“La expulsión del Chueco es lo más parecido a una declaración de guerra de La Cámpora al PJ”, resumió ayer ante Clarín un gobernador norteño, que gastó el teléfono en las últimas horas tratando de evaluar el nuevo escenario. Nadie lo tiene claro. Dos mandatarios provinciales, otros dos intendentes del GBA y armadores peronistas coincidían en la misma mirada sobre la salida de Mazzón: “Puso a la luz del día nuestras peores sospechas. Parecería que a Cristina no le importa perder. Lo único que le interesa es acaparar las listas de legisladores y concejales para los chicos de La Cámpora, para resistir desde la oposición”, repetían con palabras similares las fuentes consultadas.

Mazzón es un ex Guardia de Hierro que se destaca como armador político en bambalinas. Se dedicó en la última década a recibir en su despacho de la Casa Rosada a gobernadores, intendentes y dirigentes peronistas de todo el país para contener y vehiculizar sus demandas. Encuestas en mano, tendía puentes entre los distintos sectores del PJ en busca de la mejor oferta electoral. Se llevaba bien con Kirchner. Hablaban un lenguaje parecido. Pero con Cristina ya no fue lo mismo. Siempre desconfiada de los caciques del PJ, la Presidenta le recortó poder para transferírselo a Zannini y los jóvenes camporistas.

Hubo decenas de roces en los últimos años. Hace dos, Cristina le pidió por primera vez la renuncia, cuando sospechó que apuraba la candidatura de Daniel Scioli. Esa vez le salvó el pescuezo Juan Manuel Abal Medina. Paradojas de la vida, los recientes cierres de listas en su provincia natal, Santa Fe (nació hace 71 años en Costa del Toba), y Mendoza, donde estudió y comenzó su militancia política, le terminaron costando el puesto.

En Santa Fe, bregó hasta el final para reunificar al peronismo. Hasta tenía el compromiso de Carlos Reutemann, que terminó saltando del barco cuando vio que se bajaba María Eugenia Bielsa, la favorita en las encuestas. El PJ terminó con cinco listas de legisladores y la fórmula Perotti-Ramos, que aparece tercera en los sondeos.

Mendoza, donde el radicalismo lleva las de ganar, fue la gota que rebasó el vaso. Mazzón creyó haber encontrado la fórmula más potente y abarcadora con el sciolista Adolfo Bermejo y el randazzista Diego Martínez Palau. El sábado pasado, sobre la hora de cierre, recibió un llamado de Cristina pidiéndole que Guillermo Carmona fuera de vice y La Cámpora se quedara con los primeros lugares de la boleta de legisladores. Sin margen, discutieron. No hubo acuerdo. Presentaron listas por separado, con la posibilidad cierta de que la del aparato pejotista deje sin nada a la boleta cristinista. Quedaron en verse en la semana, pero Cristina nunca lo recibió.

En un peronismo conmovido, volvió a sobrevolar ayer con más fuerza que nunca el fantasma de una quiebre entre el PJ y el kirchnerismo. Con Cristina apostando por Florencio Randazzo y Scioli empujado al exilio, con la posibilidad de negociar una nueva unidad peronista con Sergio Massa y José Manuel de la Sota, un viejo anhelo de los caciques. Nadie sabe qué puede pasar en el Congreso partidario, que se pospuso hasta abril.

A quienes lo llamaban ayer, Mazzón intentaba calmarlos. “Quedate tranquilo, ahora estoy más liberado para trabajar por la victoria del peronismo”, les decía. FUENTE CLARIN

 

 

 

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