¡Me robaron el agua de riego!!. Una historia en la colonia Real del Padre (1929)

El robo de agua de riego fue y es común en Mendoza, una provincia semi desértica donde el agua es bien tan apreciada que nadie quiere perder ni un milímetro con el agravante que ese robo terminan en interminables  disputas entre familias e, incluso, con muertes inexplicables.
 
Una versión de la tradición oral
Recuerdo aquella versión oral sobre un agricultor que tenía la mala costumbre de robar “un hilito de agua”, casi nada para su entender.  Un día, justo cuando estaba levantando la compuerta, fue descubierto por el vecino quién sin avisar “agua va” le pegó un palazo en la espalda y le destrozó el “bazo”. Se salvó de morir porque logró ser operado inmediatamente en el hospital, pero luego ninguno de los dos hizo la denuncia policial, ambos sabían que estaban en falta; pero las ironías de los amigos con agredido se repitieron de por vida: “Che, Pedro, te falta un “Bazo” para tomar agua”.

Broma aparte, mientras aquella historia quedó sólo en la memoria de algunos vecinos, este nuevo relato está extraído de una carta del secretario de la empresa administradora de la colonia que debió informar a sus superiores de lo ocurrido aquel día que casi terminó en una desgracia.

El suceso ocurrió en octubre de 1929
El día 26 octubre el tomero Fabián Lorca largó el agua por el canal tres, uno de los cinco canales secundarios que todavía existen Real del Padre. Debían regar los agricultores de las fincas de las fracciones 25 y 37, pero, como en la zona había un propietario que tenía la mala costumbre de hacer “chicanas para sustraer agua”, Fabián Lorca comenzó a vigilarlo por orden de José A. Pérez, secretario a cargo de la oficina de colonia, por entonces conducida por Félix Norzagaray, administrador y encargado de la distribución de la red de riego.
Señalaba José A. Pérez, en la carta enviada a la sede central de empresa en Capital Federal, que luego de recorrer el canal, el tomero comprobó que el propietario de la finca de la fracción 25 (por una cuestión de respeto evitamos colocar su apellido) no pudo con su genio y volvió a colocar una trampa para sacar un hilo de agua. Frente a esta anomalía, el tomero tapó con una “champa” la abertura y continuó controlando las compuertas canal abajo. Al medio día regresó, y ¡oh sorpresa!, descubrió que otra vez habían abierto una abertura ilegal en el mismo lugar.
 
Una espera tensa
Inmediatamente don Lorca informó a don Pérez y ambos regresaron a las tres de la tarde. Después de eliminar la abertura ilegal, optaron por quedarse oculto entre los yuyos para “agarrarlo infraganti”. Fue una espera lenta y sin resultado. Cuando ya se ponía el sol, don Pérez, ya cansado de esperar, decidió regresar a la oficina para atender a los otros tomeros, aunque dejó a “Fabián Lorca que cuidara la toma”.
Se arma la batahola
No transcurrió un cuarto de hora cuanto apareció un hombre agazapado por la hijuela que abrió la abertura clausurada. Fue el momento que don Lorca salió del escondite y lo sorprendió “infraganti”. El agricultor, molesto por la situación, no se “achicó” y comenzó a insultarlo en su idioma nativo y sin avisar lo atacó con una pala. Don Lorca, un típico criollo que nunca abandonaba su rebenque, respondió el embate y le descargó un fuerte golpe por la cabeza y comenzaron a pegarse «a brazo partido”.

Justo en plena contienda, llegó el chacarero Carmona de la fracción 37 que, al notar que le faltaba agua había decidido recorrer el canal y, al ver dos personas peleando, no lo dudó, cruzó el canal y comenzó a pelear junto con don Lorca.  La “batahola” de garrotazos duró varios minutos dejando como resultado al viejo chacarero medio atontado y con varias heridas.

Denuncia y Lorca preso
La policía, después de recibir a denuncia, se acercaron a las oficinas de la Administración para detener a don Lorca. Don Pérez recibió amablemente al comisario de Villa Atuel y el hijo de Anastasio López y relató lo ocurrido sin dejar de remarcar el mal proceder de este agricultor que perjudicaba a sus vecinos sin recibir ninguna sanción. De todos modos, dado la alta hora de la noche, se comprometió llevar a Lorca al día siguiente a la comisaría para que hiciera su descargo.
El domingo 27 de octubre Lorca se presentó en Villa Atuel y después de declarar quedó detenido. José Pérez, preocupado por su estado, le pidió al comisario clemencia por su empleado. Aquel le tranquilizó al decirle que el asunto no era grave, aunque forzosamente “el tomero tendría que pasar a San Rafael” porque las lesiones eran delicadas (el herido había recibido siete puntos). De todas maneras, agregó, que el sumario saldría favorable y en cuestión de días quedaría libre, como efectivamente luego ocurrió.

 

Derivaciones
Nuestro agricultor inmigrante no se quedó satisfecho con la denuncia contra Lorca. De por sí era muy testarudo y a los pocos días mandó otra carta al administrador prohibiendo el ingreso del tomero a su propiedad cuando debía entregar los turnos de agua, en caso contrario no se haría responsables de las consecuencias.

No sabemos  si el chacarero dejó de robar el agua, pero lo ocurrido es el fiel reflejo de tantos otros casos que ocurrieron y ocurren en nuestra provincia y que, muchas veces, terminan en tragedia y que no suele registrar la crónica periodística.

Fuente: Carta copiadora, 28 y 29 de octubre de 1929, Archivo de la empresa colonizadora de Real del Padre.

Por Prof. Omar Alonso Camacho. Instituto de Historia. Facultad de Filosofía y Letras (UNcuyo)

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