No solo hay que ser, sino parecer

No solo hay que ser, sino parecer

*Cuando era una nena – hace ya más tiempo del que quisiera – mi padre solía tirar esa frasecita como remate de alguna discusión familiar.

Recuerdo el episodio que les voy a narrar como si fuera ayer: yo tenía 16; él 23. Fuimos a bailar a una peña de facultades y volví a las 4 de la mañana. No hubo ni un beso, lo juro, pero cuando entré al living de mi casa me esperaba mi padre cual ogro de Shrek. Dijo tantas cosas que se me fueron las ganas de volver de madrugada por un largo tiempo. Lo entiendo, eran otros tiempos, pero en esa noche para el olvido escuché unas cinco veces el “no sólo hay que ser, sino parecer”  y se me grabó a fuego por largo tiempo.

Recuerdo el episodio que les voy a narrar como si fuera ayer: yo tenía 16; él 23. Fuimos a bailar a una peña de facultades y volví a las 4 de la mañana. No hubo ni un beso, lo juro, pero cuando entré al living de mi casa me esperaba mi padre cual ogro de Shrek. Dijo tantas cosas que se me fueron las ganas de volver de madrugada por un largo tiempo. Lo entiendo, eran otros tiempos, pero en esa noche para el olvido escuché unas cinco veces el “no sólo hay que ser, sino parecer”  y se me grabó a fuego por largo tiempo.

La frase original, la que da pie a la que usaba mi viejo, es otra: “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo”* Con el paso de los años empecé a cuestionarme la real validez del concepto.  Porque no estoy casada con el César y lejos de mi interés estaría estarlo (valga la redundancia) Aunque la sociedad “políticamente correcta” espera de uno determinadas posturas soy de las que creen que, si bien hay que guardar las formas, no se puede vivir para eso.

Es obvio que hay que ser educado, tener modales, respetar a los demás y aplicar otro de los refranes con los que me picoteaban el seso en mi infancia: “mis derechos terminan donde empiezan los tuyos”.  Ahora bien, si vivimos para “parecer” caeremos en el fangoso terreno de la hipocresía, la impostura y el vivir para dar una imagen predeterminada con el sólo fin de conformar a los demás.

Les propongo acuñar una nueva frase, sobre los cimientos de la antedicha: “hay que ser y, si te da la gana, parecer”. ¿No les parece que estaría bueno que cada quien empiece a vivir como mejor le parezca, sin tanto juicio y prejuicio ajeno sobre las espaldas?

*Su autor es Plutarco (h 50-120), pensador e historiador griego que, podría decirse, se especializó en temas vinculados con la moral. Por la posición que ocupaban las mujeres de los césares, estaban obligadas a mantener las formas, para evitar cualquier tipo de comentario mal intencionado por parte de sus pares.

Por Valeria Schapira

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