Para debatir a Sarmiento (más allá de Paka Paka)

La investigadora Lorena Amara Castro, en su trabajo “La América reinventada: notas sobre la utopía de la “civilización” en  Argiróporis  de Domingo F. Sarmiento”, aborda los textos del maestro sanjuanino escritos durante la época de su exilio en Chile entre ellos Facundo   (1845), hasta hoy  profusamente estudiado. Pero a Facundo se suman otros trabajos menos conocidos, que, sin embargo, en su momento tuvieron una importante recepción, y que  abren a horizontes de lectura aún no suficientemente explorados. Es el caso de Argiróporis  o la Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata (1850), cuyo mayor interés radica en plantear el tema de la utopía en Hispanoamérica, desde una perspectiva cercana a la del Facundo.

Mientras duró su exilio en Chile, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) escribió importantes textos vinculados con la situación sociopolítica rioplatense. Varios son los autores que se han interrogado sobre la ausencia de textos «utópicos» en nuestro continente. Curiosamente, ha sido esta tierra el espacio escogido, la materia prima de las proyecciones y sueños europeos. Una revisión del concepto de «utopía» permite abrir esta perspectiva y descubrir que, aun cuando en América no ha tenido lugar lo que se llama «género utópico», propiamente tal, sí existen pulsiones, intenciones o tensiones utópicas: permanentemente imaginada, la identidad de América ha llegado a constituirse entre su ser y lo que se ha pensado que debiera haber sido. En el continente tiene cabida, si no la utopía literaria, el pensamiento y los rasgos utópicos. La Argirópolis  anhelada por Sarmiento constituye un ejemplo de ello, un fragmento de la posible historia utópica continental que pide ser reconstruida.

La capital de los Estados Unidos de América del Sur

Hemos creído necesario hacer este preámbulo, a fin de que se pueda comprender mejor el sentido utópico de la obra de Sarmiento, aspecto estudiado hasta hoy por escasos autores, como Horacio Cerutti y Fernando Aínsa. Ambos recuperan un texto no muy conocido, Argirópolis   o la Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata, publicado en 1850, poco antes de la caída del régimen autoritario implantado por Rosas.

Para entender las motivaciones de Sarmiento, Castro hace un “preámbulo” para que se pueda comprender mejor el sentido de “utópico”,  y  una revisión del contexto histórico en que el ex presidente argentino desarrolla su reflexión.

El autor de Facundo se exilió en Chile en 1840, producto de las luchas que en su país se libraban desde 1826. Ese año, el recién constituido Congreso declaró en Argentina la vigencia del sistema unitario de gobierno, presidido por Bernardino Rivadavia y con capital en Buenos Aires. A ello se opusieron los caudillos de las provincias, que deseaban un modelo federal de organización, como el instaurado en Estados Unidos. La guerra civil argentina se extendió entre 1829 y 1842. En 1827, los federalistas delegaron provisoriamente la dirección de las relaciones exteriores de las provincias al gobernador de Buenos Aires; en un primer momento, éste fue el Coronel Dorrego y, más tarde, Juan Manuel de Rosas. En 1831, las provincias firmaron un tratado en que se declaraba el modelo federal de gobierno y se acordaba la próxima convocatoria a un Congreso, donde se decidiría el futuro del mandato provisorio ordenado cuatro años antes. Ese Congreso no llegó a realizarse. Rosas, quien gobernó prácticamente solo, ejerció un poder absoluto y brutal. Es contra estas atribuciones y sus consecuencias sociales, políticas y económicas que se rebela Sarmiento.

En su ensayo Argirópolis hace constante alusión a estos hechos, que han desencadenado el empobrecimiento de las provincias argentinas y un conflicto con Uruguay, en que han tomado parte, a su vez, Francia e Inglaterra. Se trata del sitio a Montevideo, iniciado en 1842. El carácter contingente del discurso sarmientino se revela ya en el primer párrafo que, a modo de subtítulo, figura en la primera página de su ensayo:Solución de las dificultades que embarazan la pacificación permanente del Rio de la Plata, por medio de la convocacion de un Congreso, y la creacion de una capital en la isla de Martin Garcia, de cuya posesion (hoy en poder de Francia) dependen la libre navegación de los rios, y la independencia, desarrollo y libertad del Paraguay, el Uruguay y las provincias argentinas del litoral.

Lo que primero llama la atención a la investigadora en la obra de DFS es su título: éste nos pone de pleno en el mundo de la utopía. Como en el texto de Moro, se ha escogido un nombre griego y un espacio insular -este rasgo incluso es subrayado por el argentino cuando enumera las razones que respaldan su propuesta- para desarrollar la república ideal. Por otra parte, el nombre, Argirópolis, remite a los espacios arcádicos: no se trata ya de la Edad de Oro, sino de una Ciudad del Plata que es, en verdad, ciudad de la Plata, como el mismo Sarmiento imagina17. Con ello refrenda la visión utópica de los descubridores del Río de la Plata, el Mar del Plata y Argentina. Sarmiento invita a refundar el territorio utópico, rico y pleno de promesas, descubierto por los españoles.

En la opción de Sarmiento por ese nombre, se puede cifrar, en gran medida, la hipótesis de que su elección estuvo condicionada por la recepción de obras utópicas, aunque él mismo no llega a mencionar sus referentes literarios. Este punto es importante pues, en la tradición utópica, es prácticamente una constante la alusión a utopías anteriores, lo que se puede ver ya en Tomás Moro, quien en algunos momentos menciona explícitamente a Platón.

Pero, aunque Sarmiento no se hace cargo de ello, los lectores inmediatos de su obra, quienes la comentaron a poco tiempo de su aparición, sí perciben la relación de la isla sarmientina  con la imaginada por Moro. Una presentación del texto, correspondiente a la edición de 1896 y aparecida por primera vez en la revista francesaLiberté de Penser, nos sitúa en el terreno de una intertextualidad problemática:

¡Argirópolis! Cuantos lectores á la vista de este titulo van á imaginarse que se trata de alguna República de Utopía, como la Atlántida de Platon, ó la ciudad del sol de Campanella, ó alguna ruina antigua descubierta á orillas del Páctolo. ¡Error! Argirópolis es el título de una obra muy práctica; es el nombre significativo de la capital de los Estados Unidos del Rio de la Plata: es una ciudad que puede salir en algunas semanas de la urna de escrutinio de nuestros representantes, sin que ella cueste á la Francia ni un óbolo ni un soldado; es la gloria de la Asamblea que promueva su fundacion; es la tierra prometida para todos los obreros laboriosos que mueren de hambre en la vieja Europa. Argirópolis es una palabra, es el más bello de todos los sueños, pero un sueño realizado, porque es Martin Garcia, en donde flota hoy inútilmente nuestro pabellón á precio de hartos millones, y que mañana daría por el contrario muchos millones al comercio, si nuestro gobierno comprende el magnifico  proyecto que le propone el autor de Argirópolis.

En un solo párrafo se está remitiendo el trabajo de Sarmiento a los textos de Moro, Platón y Campanella  si bien distinguiéndolo de ellos -«Argirópolis es el título de una obra muy práctica»-, hermanándolos por su título y, más tarde, a través de una serie de enunciados que contradicen al primer aserto: la capital propuesta por Sarmiento deja de ser la «ciudad que puede salir en algunas semanas de la urna» y se convierte en «la tierra prometida» para el proletariado europeo, como también en «el más bello de todos los sueños», incomprensible aporía del «sueño realizado» que está por realizarse. El propio Sarmiento define su propuesta como un sueño que, sin embargo, tiene el poder de ennoblecer al pueblo, al tiempo que necesita subrayar, para validar su texto, el carácter práctico que entraña: su factibilidad.

 

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