Pedro Castillo: El valor de un clásico

*“Para nada legalizaría el aborto (…) ¿El matrimonio igualitario para personas del mismo sexo? Peor todavía. Primero la familia”.

He seguido con atención las expresiones periodísticas del actual presidente de Perú. Noto que sus manifestaciones sobre diversos temas del actual repertorio progresista –diversidad sexual, género, aborto, familia homoparental, etc.– sintonizan mucho mejor con el neo estalinismo de mi juventud que con la versión pastiche de los «gloriosos años 70» que adoptan los cybernautas argentinos de izquierda.

En aquellos años, tanto Montoneros como el ERP –por mencionar a los más extremos– rechazaban la discusión misma de tales cuestiones por considerarlas «perversiones burguesas». Incluso el naciente rock argentino era descalificado por «afeminado» y tributario del «colonialismo cultural».

Ya en el Código de Conducta del Ejército Guerrillero del Pueblo, el Comandante Segundo (Jorge Masetti) imponía la pena de muerte a los «delitos de traición, deserción, violación, robo y prácticas homosexuales» (también en esto, el ex periodista era fiel acólito del Che). Asimismo, no son pocos los casos de integrantes de organizaciones político militares condenados por su vida sentimental «degenerada».

Hasta la infidelidad conyugal tenía su alto costo ante la Justicia Revolucionaria: el caso del poeta Francisco Urondo es bastante ilustrativo.

Afortunadamente, es impensable que toda aquella práctica inquisitorial se reinstale y tal vez la experiencia Castillo sea menos peligrosa que instructiva. Especialmente para quienes aún identifican la progresividad social y el desprejuicio en las costumbres con la izquierda del siglo XX que, como se sabe, tuvo como figura fundacional al célebre desplumador de gallinas de Georgia, tan rústico y conservador como el actual mandatario peruano.

*Por Manolo Giménez

 

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