Periodismo patético

*Cuarto poder. Los nuevos fiscales de la sociedad. Jueces de la política y de la sociedad misma. Los nuevos paradigmas de la justica, los valores, la ética y miles de etcéteras que los propulsan a ser los justicieros de la palabra y los portadores de la única verdad.

Bien.

Hasta este punto, podríamos decir que la función y la autodeterminación del espacio social que este conglomerado de personas ocupa es algo imprescindible en una sociedad torcida como la nuestra.

Aquí comienza la disputa y las lógicas dudas sobre esa autoproclamación de algunos.
Al igual que los políticos criticados por el periodismo y la sociedad, nuestros periodistas y aquellos que pretenden serlo, adolecen en muchísimos casos, de los mismos síntomas y enfermedades sociales. Entre ellas la inclinación a la coacción y a la corrupción; tergiversando la realidad, inventándola; generando campañas difamatorias; imponiendo por sobre la información, la consecución de intereses cruzados entre el ejercicio del “periodismo” y la propia intención política; y participando con la creación de líneas editoriales devenidas, no del compromiso social o ideológico, sino simplemente de una asignación monetaria mensual brindada por el poder de turno o su alter ego.

Este periodismo patético; hablado y escrito por gente de dudosa catadura moral y ética, quienes como contraposición son los mayores usuarios de tales conceptos con la intención de una proyección virtuosa de sí mismos, logran en su diatriba la distorsión amplificada del mensaje; lo destruyen, confunden y taran, manipulan y seducen en nombre de la “verdad” a una sociedad cada vez más confundida y ávida de encontrar nuevos “héroes” o adalides de una justicia, que ni por asomo está en boca de estos personajes creadores de ficción y partícipes de la misma como actores secundarios con deseos, casi enfermizos, de protagonismo social e incluso político.

Vendedores de basura editorial, pululan, amenazando y maltratando a todos aquellos que no se adhieren a su dialéctica berreta, o a aquellos que están bloqueando sus objetivos personales, o a aquellos a los que sus mecenas indica como objetivos.

Patéticos personajes con pasados desvirtuados, al  igual que sus conceptos sobre equidad, justicia, moral, ética y valorable desempeño de una función a la cuál llegan con un espíritu deformante y no informativo.

San Rafael no escapa a este periodismo patético.

Lo encontramos escrito semanalmente, lo oímos semanalmente, pero  repercute diariamente la hipocresía, la mentira, y sobre todo la intención maliciosa de manchar personas y trayectorias; desvirtuar tareas y hechos. Total… para quienes no tienen trayectoria ni don de gentes, no es un bien valorable. Menos aún si se ha recibido pago o promesas por tan baja tarea.

La sociedad debe estar atenta a este periodismo, supuestamente comprometido con el quite de máscaras y la búsqueda de “la verdad”, que utilizan el bestialismo dialéctico o “el encanto” seductor de las serpientes; pero que apenas rozada su superficie, dejan ver intenciones e infraestructura cimentada en dinero, promesas de poder, trascendidos de traidores, y una inmensa cuota de frustración personal devenida de la ausencia de valores e ideales.

Esos valores e ideales que pronuncian en cada frase, sin conocer su belleza o su alcance y menos aún su ejercicio.

Ellos. Los periodistas patéticos.

Por suerte, como dice un amigo… también hay periodistas.

* por José Luis Bonomi

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