Periodista relata experiencia de «mal trato».

El periodista Ulises Naranjo cuenta en MDZOL, el diario en el que trabaja, la experiencia vivida en la visita que realizó junto a su familia al departamento de Malargüe el fin de semana último.

La nota:

Uno se la pasa hablando de los excluidos y los desplazados, pero cuando es tu propia familia la que padece exclusión, maltrato, peligro y hasta tácticas mafiosas, bueno, ahí te volvés a poner en lugar del otro (de los cientos de miles de otros) y el ejercicio te resulta, al fin, saludable. 

Me pasó este fin de semana en Malargüe. Había llegado con mi familia hasta este hermoso departamento de hermosas gentes a desarrollar una tarea solidaria y gratuita en dos escuelas secundarias en riesgo social y en el centro de convenciones comunal: la proyección del documental “No llegués hasta acá”, que escribí y dirigí para la Dirección General del Servicio Penitenciario, y que habla sobre la vida en las cárceles, las fracturas familiares, el abandono escolar, las drogas, la exclusión, la vida y la muerte y temas por el estilo. Llegué al sur, gentilmente invitado por el director de Seguridad Ciudadana, Sandro Canales Yáñez, un funcionario preocupado por la construcción de seguridad a partir de la participación comunitaria. La comuna, dada la distancia, me ofreció pagar el combustible de mi auto y una noche en una cabaña. El resto de los gastos corrieron por mi cuenta, incluso, como corresponde, los dos días más que me quedé en sur provincial. Antes de comenzar las proyecciones, como hacía mucho calor y la cabaña no tenía piscina, llevé a los míos (mi hijo, un amiguito suyo, mi sobrina y su novio) hasta «Amalar cabañas», otro complejo de cabañas, alejado del centro, que tiene pileta y lugar para jugar al fútbol. Arreglé con el amable empleado del lugar pagarle la estadía de unas horas en la pileta, hasta que volviera a buscarlos. Entonces, veríamos además las tarifas para quedarnos durante todo el fin de semana, pero ya con el dueño del complejo en lugar, pues había salido.

Convenido el tema con Samuel, el empleado, comencé mi tarea en las escuelas -repletas de alumnos encantadores-. Luego de unas horas, miré mi teléfono (lo había dejado en modo “vibración”) y encontré cinco llamadas perdidas de mi sobrina. Inmediatamente la llamé y no pude creer lo que oí:

 

 

 

1) Estaban en una plaza pública, hasta donde habían llegado luego de ser echados, tras sufrir malos tratos diversos y actos de violencia por parte del propietario del complejos de cabañas “Amalar”, cuyo nombre es Daniel Pacheco.

2) El hombre les gritó de muy mala manera, los obligó a salir de la pileta y vestirse y, además, les abrió el riego por aspersión para mojarlos.

3) De nada sirvieron las explicaciones, acerca de que su empleado, de nombre Samuel (un muchacho gentil y muy educado) había autorizado la estadía a cambio de dinero, que le sería pagado al dueño, no a él.

4) El dueño, además, fotografió a los niños y a los jovencitos y los sometió a un interrogatorio. Su objetivo era saber en qué complejo de cabañas pasaríamos la noche. Por suerte, no cedieron a la reiterada presión y no le dijeron dónde estábamos alojados.

5) Finalmente, ya humillados y echados del lugar, debieron caminar, mojados, hasta el centro de Malargüe con todas sus pertenencias (mochilas y una guitarra), en una ciudad por completo ajena. ¿Y si algo malo les hubiese ocurrido, quién hubiera sido el responsable? 

6) Naturalmente, los pasé a buscar por la plaza y los llevé hasta la cabaña en que nos alojábamos para que se bañaran y se cambiaran la ropa.

7) De ahí, junto a Sandro Canales Yáñez, fuimos hasta el lugar a pedir explicaciones a Pacheco. No las hubo, pues no tenía intenciones de darlas.

Así son las cosas con algunos emprendimientos para turistas en Mendoza, incluso con “Amalar”, uno de inversión millonaria.

 

 

Luego, ya en tren de conseguir información sobre el hombre para escribir esta columna, me enteré en el centro de la ciudad y en el centro de convenciones de Malargüe (donde proyecté, también de modo gratuito mi trabajo) de que el nombre de esta persona es Daniel Pacheco y de que -vaya dato de tres fuentes distintas- el origen de la inversión es particularmente oscuro en “Amalar”, según es vox populi en el lugar. “Pacheco hasta no hace mucho era conocido por ser verdulero (oficio por demás honorable, por cierto), ahora tiene un lugar que vale varios millones”, dijeron. La última de las fuentes aseguró, además, que su empleado Samuel (el gentil muchacho que nos recibió y que espero que no sea dejado sin trabajo) está en negro en esa empresa. Naturalmente, porque ya no venía especialmente al caso y por evidente temor, no llegó más allá mi investigación, aunque tal vez sirvan los rumores para explicar las tácticas mafiosas del propietario y lo mal que se sintieron los míos.

Debo decir que tenía, además, otras invitaciones para participar de algunas actividades en Malargüe muy interesantes y muy periodísticas: una esquila de guanacos en Payunia, una excursión a Caverna de las Brujas, una visita al Planetario y hasta un alojamiento (por parte de un amigo) en Las Leñas.

Sólo fuimos a la caverna y, luego, ya habiendo finalizado mis labores solidarias, hablé con los míos y no dudaron: todos querían irse de Malargüe. Ese lugar tan maravilloso, les deparó, esta vez, una triste, humillante y peligrosa experiencia. Espero que pronto el mal trago les pase y tengan deseos de volver.

Debo decir, además, trabajo para una revista de hotelería y gastronomía de Mendoza, enfocada a empresarios del ramo. Conozco las virtudes y dificultades de este estratégico sector. Participo y promuevo actividades constantes para generar conciencia sobre la atención de turistas, con capacitaciones, productos y difusiones de diversa índole y también acciones para generar un turismo inclusivo, que desarrolle, por caso, lugares de Mendoza como Malargüe, Lavalle, Alvear y el Valle de Uco. Es notable la excelencia de muchas iniciativas y empresarios socialmente responsables del sector. También es un hecho que deben lidiar con empresarios como Daniel Pacheco, quien de responsable tiene poco y nada. Evidentemente, mucho falta por hacer. Lugares francamente encantadores como Malargüe, con gente de enorme corazón, se ven empañados por estas insólitas y peligrosas conductas.

Naturalmente, formulé la debida denuncia con todos los datos recabados en la Dirección de Turismo del departamento, que -se me aseguró- se conectará con el Ministerio de Turismo, aunque yo también ya lo hice. Veremos qué hacen al respecto, teniendo en cuenta que Pacheco ha ejecutado tácticas mafiosas contra dos niños y dos jóvenes y dejándolos librados a su suerte en un sitio desconocido para ellos .

¿Qué hicimos nosotros, después? Nos fuimos del lugar que elegimos para pasar tres días, casi en carácter de huida. Por fortuna, El Cañón del Atuel y Valle Grande, de San Rafael, devolvieron cierta paz a los míos (jamás vi a mi hijo y su amigo así de humillados y violentados, espero no volver a verlos de ese modo).

En fin, ellos, poco acostumbrados a sentirse agredidos y excluidos por desconocidos, lo vivieron en carne propia. Entre las varias charlas que nos generó el episodio, estuvo una, destinada a ponernos en el lugar de los que habitualmente son agredidos y excluidos por el sistema. Los hechos referidos nos obligan a aprender de ellos, no sólo por el bien del turismo, sino de Mendoza toda.

 

Ulises Naranjo.

Temas relacionados