Quino en la Feria del Libro

El escritor sanrafaelino visitó el stand de la Conabip y se sacó numerosas fotos.

Joaquín Lavado, «Quino» , protagonizó una sorpresa en la Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires, al reunirse con un grupo de bibliotecarias. «Esta imagen me parece fantástica, pensar que vienen de distintos lugares del país y aquí están con sus carritos», exclamó Quino, mientras un puñado de bibliotecarias de la Conabip se acercaba a darle un abrazo o a sacarse una foto con el ‘celu’, ante la sonrisa del «maestro».

Sentado en el pequeño cubículo que tiene el stand de Ediciones de la Flor para la firma de ejemplares, el célebre creador de Mafalda iba contando algunas anécdotas de su personaje, cuya actualidad «lo asusta».

«Su vigencia hoy, cuando la dibujé hace más de 40 años, me dice que algo sigue estando mal», reflexiona sobre este siglo XXI «que ha venido bastante pesadito», desliza, en un diálogo entrecortado con la agencia estatal Télam, mientras recibe el saludo cariñoso de todos los que llegan al stand.

Es que apareció de improviso, acompañado por Kuki Miller, la directora de la editorial, y su presencia apenas detectada hizo que se formara una espontánea cola con muchas de las personas que se disponían a recorrer la Feria, a la búsqueda de los materiales -muchos elegidos de antemano- para sus bibliotecas, gracias al subsidio de la Conabip.

«Uno se inspira en la vida», disparó ante la pregunta de una bibliotecaria deseosa de saber de dónde había podido sacar sus personajes.

«Yo nunca había hecho historieta, ya Oski (1914-1979) me había advertido, pero la verdad es que dibujo desde muy pequeño. Mafalda no salió de golpe, fui sacándola poco a poco», rememora.

La salteña Gabriela Yanis, se inclina al lado de Quino para la foto y le susurra que toda la vida lo seguía de niña: «mi papá me compraba las tiras».

Silvia Sturnith de Bahía Blanca, a su turno, confiesa que en su biblioteca salen las ‘Mafalda’ enseguida, al igual que en La Pampa, donde Lorena Galvan también añade que muchos de los chicos no los devuelven: «Tenemos que venir a reponer sus libros todos los años».

Una joven bibliotecaria que aguarda en la fila casi grita ¡Es un ídolo! y María Cristina Serra, de la localidad bonaerense de Tres Algarrobos, le confiesa: «La verdad que los chicos no leen demasiado. Es una batalla maestro. Pero sus libros sí».

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