Romper con el pasado

Debemos aprender a romper con el pasado para saber avanzar en la vida.

Cuando una relación termina, ya sea de índole amorosa, amistad o laboral; la mayoría de las veces empacamos emocionalmente los elementos que nos constituyen como partícipes y los alojamos en la parte más lejana del baúl.

Evitamos escuchar esas canciones, mirar esas fotos que nos recuerdan los días dorados, nos desconectamos de los que aún siguen trabajando en ese lugar, desaparecemos de los lugares que frecuentábamos juntos, y en definitiva, hacemos una limpieza del espacio físico que tiene un interesante correlato emocional.

Es como limpiar la casa, sacar la basura y luego volver para disfrutarla. Lo mismo debemos hacer para desvincularnos de ese mundo al que no pertenecemos.

Sin embargo, no sucede lo mismo con “el pasado”, con ese fantasma que se las ingenia para siempre aparecer en todo momento y a cualquier hora.

En muchos aspectos vivimos atrapados a él. No significa que una bocanada de viento fresco no borre la memoria, pero sí deberíamos empezar a comprender que vivir mirando para atrás es una gran trampa ilusoria que nos frena el paso.

Digo ilusoria porque el pasado no existe más, es sólo un recuerdo, una energía prendida en nuestra memoria celular que activamos como la perilla de una lámpara toda vez que nos damos vuelta, y volvemos a empezar.

Desde atrás construyo mi delante; antes de mover una pieza de mi tablero, echo un ojo a los costados a ver si Don Pasado me aprueba la jugada. Y a veces sucede que el cauto ayer nos dice “NO”, “Ten cuidado de hacer eso, porque ya una vez te fue mal”, “Ojo con enamorarte, recuerda que aquel hombre traicionó tu confianza”; en fin, un relato histórico.

Pero “romper con el pasado” implica una empresa ambiciosa para tu presente, es la invitación a replantearte todos aquellos “modos de ser” y  de “sentir” que ya no funcionan para tu vida. Todas las creencias que limitan tu potencial personal, tu capacidad de desarrollo y aprendizaje espiritual.

Todo cambio siempre incluye una pérdida, y aunque traiga resultados positivos, las pérdidas no dejan de sentirse. Sin embargo es condición indispensable para crecer, transformarnos y orillarnos a los seres que anhelamos ser.

Un pasado tiene la experiencia de lo que ocurrió, pero no hay ningún mecanismo que pueda establecer que lo de ayer se pueda repetir hoy.

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