Se va Triaca

El secretario de Trabajo Jorge Triaca, cuestionadado por el caso de su empleada doméstica, a fin de año dejaría el cargo.

El exministro Triaca es uno de los funcionarios más cuestionados por propios y ajenos consideran que debió salir antes del Gobierno por su controvertido accionar en el caso de su empleada doméstica, Sandra Heredia quien lo acusó de maltrato, de echarla sin fundamentos y por tenerla en negro.

La figura del exministro está envuelta en polémicas generadas por acusaciones que tenían que ver con contrataciones en el Estado y en gremios intervenidos de parientes directos del funcionario, y también de empleados en el ámbito privado del antes ministro.

Tras la llegada de Sica a pasó a tener un perfil muy bajo y estuvo en un segundo plano, tanto así que fue Sica el que logró calmar a los gremios ofreciéndoles el pago de un bono no remunerativo de 5.000 pesos que se podría pagar en dos cuotas.

De acuerdo a lo que publica Clarín, Triaca, en diálogo con las autoridades de la Presidencia, recibió una oferta cuando se acordó que se alejaría de su cargo. Ser el nuevo embajador en el Vaticano, un puesto que hoy ocupa Rogelio Pfirter.

Jorge Alberto Triaca padre del secretario de trabajo, fue ministro de Trabajo durante los primeros cuatro años de Carlos Menem en el poder y, al mismo tiempo, interventor en Somisa.

Paradojas de la vida, un importante sindicalista, que supuestamente representaba los intereses de los trabajadores, apenas se calzó el traje de ministro pasó a representar los intereses del poder económico concentrado. Perrito faldero de Carlos Menem, dio el okey a una política económica que, bendecida por el Consenso de Washington, condenó a millones de trabajadores a una infame e injusta muerte civil. Porque durante esa primera etapa del menemismo lo que hubo fue un genocidio encubierto, un plan sistemático tendiente a eliminar del mercado laboral a la mayor cantidad posible de trabajadores.

Lo que se propuso desde el menemismo, avalado por Triaca, fue hacer un país para pocos, condenando al resto de los argentinos a la pobreza e indigencia. Triaca convalidó este genocidio desde el ministerio de Trabajo y desde la intervención a Somisa. Lo hizo sin sonrojarse, desvergonzadamente. No titubeó un instante en traicionar a los trabajadores y en decir amén a los dueños de la Argentina.

Estuvo de acuerdo con las leyes de reforma del Estado y de emergencia económica que le dieron encuadre jurídico al mayor saqueo de la historia. Porque el menemismo fue eso: un gigantesco saqueo de las arcas públicas que transformó en multimillonarios a quienes estuvieron cerca de Carlos Menem. Algún día se sabrá a cuánto ascendió el premio que recibió Triaca por su aporte a la causa del ajuste.

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