Sexualidad diversa

*El hombre tiene que enfrentarse a terremotos e epidemias, a los horrores de las enfermedades, a toda clase de tormentos espirituales, pero la tragedia más angustiosa que conoce ha sido siempre y siempre será la tragedia del dormitorio.

El genial  LEV TOLSTÓI  ya a mediados del siglo XIX escribía sobre la TRAGEDIA de la sexualidad.

El cubano José Martí sentía admiración por Walt Whitman. No por la poesía de Whitman, sentía admiración por la belleza del cuerpo de Whitman. Incluso pasaron una noche juntos  cuando coincidieron en París.

Cada uno hacía lo suyo, quizá sin saberlo, para desmitificar la sexualidad. Aunque sea inimaginable que la mayoría de la sociedad no arrastrara sus obsesiones,  las que persistirían muchas décadas después.  Ya ven ustedes cuál es el centro de este artículo: la sexualidad, aunque lejos esté yo, – una generación cargada de prejuicios – de su teoría, y más aún de la praxis.

DE ESO NO SE HABLA. Nuestros padres y nuestros tíos hacían un dudoso silencio cuando jugando, irrumpíamos inesperadamente en la sobremesa de aquellas  multitudinarias reuniones familiares. No era para menos. Al principio de la década del  60 difícilmente existiera mayor tabú. Más lo era cuando los hijos y los sobrinos estaban delante, y más todavía si se trataba de niños.

Pero a veces escuchábamos  esas conversaciones escurridizos  detrás de una ventana. Con el tiempo nos daríamos cuenta que aquellas obcecaciones que fueron trasladadas a nuestra generación eran las mismas que acarreaban nuestros mayores, éstos a su vez de sus mayores,  y a su vez, y a su vez…y así.

Eran todos hijos de inmigrantes europeos que venían con una impronta marcada.  Y sus madres, con las manos en el bolsillo del  delantal y un movimiento casi imperceptible de sus labios, seguían las cuentas de un oculto rosario.

De esa generación de mitos y censura  vengo. Los mitos hacían que nos miráramos miedosamente la palma de la mano.  Y la censura cultural de Miguel Paulino Tato, aunque  mucho después  podríamos saber igual  cuál era el verdadero uso que  Linda Blair hacia del crucifijo en El Exorcista.

A DIOS ROGANDO Y CON EL MASO DANDO. Detrás de la espada, venía el sacerdote con la cruz. Esa misma CULTURA  que conquistó  a América Latina  caló profundamente durante más de 500 años. Mucho dice de la España  SANTA, CRISTIANA Y APOSTOLICA  el guión de Pedro Almodovar en  DOLOR Y GLORIA.

Era una ideología que no respetaría lo existente cuando se abalanzó violentamente sobre el continente.

Los nativos Americanos anterior a la colonización europea reconocían cinco  géneros sexuales y utilizaban  la terminología GENTE DE DOS ESPIRITUS. Estaban las mujeres, los hombres, las mujeres de dos espíritus, los hombres de dos espíritus y los transexuales.  Nada de eso quedaría cuando se impusieron las normas cristianas.

Las comunidades de entonces aceptaban al que se había TRANSFORMADO, a los hombres que se comportaban como mujeres, a los que eran mitad hombres y mitad mujeres. O mujeres que se sentían  como hombres. Esa tradición debía ser erradicada antes de que llegara a los libros de la historia.

Era la diversidad sexual  a la que posteriormente  la ciencia y la investigación le pondría nombre. Con el tiempo será aún más marcada la teoría QUEER porque se estará respondiendo a todas las culturas sociales de la sexualidad y de género.

Que en nombre de lo laico y por tratarse de un espacio público, a nadie se le ocurra presentar un proyecto, y un día asistamos al trabajo de una gran grúa que erradica el monumento blanco que está en el Acceso Este.

ALLÍ ESTUVO EL PAPA, NADA TIENE QUE HACER AHÍ AHORA, dirán.

Con el mismo criterio ya se sacaron cruces de las aulas o vírgenes de los predios.  Ya hay feministas que creen que ordeñar vacas es machismo y cultura paternalista.  Hasta Caperucita Roja está en peligro. Pero el  SISTEMA  facilitó que un senador fundamentalista  llegue a la Legislatura por una lista sábana, pese a que sus iglesias poco y nada respetan a las mujeres en sus prácticas.

YO NO HE NACIDO PARA COMPARTIR EL ODIO decía ya la Antígona de Sófocles.

*Por Juan Carlos Fernández-Periodista Independiente

 

Comentar

comentarios

Temas relacionados