Tito Lowenstein, «padre» de Las Leñas: El último soñador

Delirio, sueño, proyecto, realidad. Siempre he pensado que son estos los cuatro estadíos por los que debe pasar una idea, loca idea si se me permite la irreverencia, de erigir un centro de esquí en la República Argentina. Este artículo no pretende ser una biografía. Su misión es hacer conocer algunos conceptos que hacen al hombre que dio el paso de convertir el delirio en sueño, en proyecto, en realidad.

Delirio, sueño, proyecto, realidad. Siempre he pensado que son estos los cuatro estadíos por los que debe pasar una idea, loca idea si se me permite la irreverencia, de erigir un centro de esquí en la República Argentina. Y es que nuestro bendito país, eterno maltratador de aquellos que se permiten ir más allá en el mundo de los negocios, suele ser especialmente riguroso e ingrato con quienes lo hacen en el mundo de la nieve.

Seguramente ese primer atizbo de idea debe ser rápidamente descartado por delirante. ¿Un centro de esquí?. ¿En Argentina?. ¡Es una locura!. Y es aquí imagino, en el mar de los delirios, donde quedan ancladas para luego perderse en el tiempo hasta olvidarse, la mayoría de las ideas que no se animaron a convertirse en sueños. Unos pocos elegidos dan esos pasos que hacen que la idea tome forma. Se permiten soñar, proyectar, plasmar en realidades aquel delirio.

Este artículo no pretende ser una biografía, ni siquiera una mera descripción cronológica de hechos y circunstancias, de quién es Ernesto Lowenstein y su significancia para los deportes de invierno en Argentina y el mundo. En no pocos artículos periodísticos los lectores podrán enriquecer la información aquí expuesta con más que interesantes datos adicionales. Su humilde misión es hacer conocer a algunos, recordar a otros, algunos conceptos que hacen al hombre que dio el paso de convertir el delirio en sueño, en proyecto, en realidad. El hombre que puso todo de sí desde lo físico, emocional y económico en pos de situar a la Argentina en el concierto de las naciones con una próspera industria de la nieve y el esquí. Ernesto «Tito» Lowenstein, el último soñador.

Los que siguen son los principales aspectos  y conceptos que me parecieron dignos de destacar, recogidos en una ansiada y largamente esperada entrevista.

Tito Lowenstein nació en Buenos Aires hace 81 años. Su ocupación principal desde siempre ha sido la de empresario en la industria de la carne. Aún hoy esta es la actividad que ocupa sus días, la que hace que su teléfono no pare de sonar (doy fe de ello) como el de cualquier gran hombre de negocios. Para los desprevenidos que crean que erigir un centro de esquí desde la nada, con recursos propios, en medio de la nada misma no es mérito suficiente para integrar la extensa lista de prohombres argentinos, va un dato que seguramente elevará a Tito  a la altura de cuasi-prócer: Este señor inventó la Paty. Sí sí, esa Paty.

Para los amigos españoles y de otras partes del mundo que lean este artículo, vaya la aclaración: Paty es una marca de discos de carne picada congelada, para hacer hamburguesas. Su popularidad en Argentina es tal, que suele reemplazarse el término «hamburguesa» por el de esta marca, «Paty».

En su temprana juventud conoció el concepto de «comida rápida» en uno de sus tantos viajes al exterior, detectando rápidamente el potencial de la idea. De esa idea nacieron dentro del seno de los negocios familiares «Paty» y la que fue la primera cadena de «fast food» del país, «Pumper Nic», creación de su hermano, hoy desaparecida.

El esquí

Contrariamente a lo que pueda naturalmente creerse, Tito nunca fue un fanático del esquí:

«Aprendí a esquiar de grande, con más de treinta años. Viajaba seguido a Bariloche, tenía una casa allá. Y aprendí practicamente solo. No llegué a ser un gran esquiador, tampoco me apasionaba demasido la actividad».
Pero es ahí, en Bariloche, donde nace la idea, el proyecto que lo haría conocido en el mundo entero.
«El el Cerro veía que se formaban largas filas para subir a los medios de elevación. Y eso me hizo notar el potencial que tenía la actividad para ser desarrollada. Siempre creí que el turismo era, en nuestro país y el mundo, una de las industrias con mayores posibilidades y necesidad de crecimiento».
Por su actividad empresaria, Lowenstein tenía fuertes lazos comerciales con diversas empresas francesas. A algunas de estas interesó para sumarse a su proyecto.
«Iniciamos tratativas con uno de mis contactos comerciales franceses, conocedor del mundo del esquí, para que integraran el emprendimiento. Esta primer gestión no llegó a cristalizarse. Fuen luego con la empresa «Grand Travaux de Marseille», una importante empresa del rubro de la construcción en Francia, propietaria del centro de esquí «Superdevoluy»  con quienes llegamos a un acuerdo y comenzamos a dar forma al proyecto».
Filosofía de la idea
«No apuntamos el desarrollo hacia un público determinando como suele decirse. La idea fue siempre no tener precios disparatados para lo que implica llevar adelante un centro de esquí. Dar al público por lo que el público pagaba. Pensamos tanto en el esquiador internacional, como en el de la ciudad de mendoza que venía por uno o dos días. Y por eso queríamos también que hubiesen pistas de todos los niveles. Un buen lugar, donde se tratara bien a la gente, tuviera comodidades y se sintiera a gusto. Y un lugar que se pudiera disfrutar todo el año».
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Leña Amarilla, arbusto por el cual recibe el nombre el Valle, cuya denominación completa es «Valle de Las Leñas Amarillas»
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Comenzó así la búsqueda del emplazamiento ideal para el megaproyecto.
«Con mis socios franceses evaluamos otras locaciones para el proyecto que teníamos. Una de ellas era en carcanías de la misma Bariloche. No nos convencía la falta de altura y la cercanía con otro centro de esquí de envergadura. También consideramos las inmediaciones del Cerro Tronador, opción que descartamos por lo inhóspito del lugar, el que presentaba más dificultades logísticas para las tareas a realizar. Fue así como nos decidimos por el Valle de Las Leñas Amarillas».
Surge así, a esa altura de la entrevista, una pregunta que parecería de lo más lógico en el mundo de los negocios modernos, más aún en actividades como las que involucra a este: Qué consultora los había asesorado en la elaboración del proyecto.
«¡Ninguna consultora. Realmente no me gusta esa palabra, ni la función que dicen cumplir y la importancia que creen tener. El proyecto se hizo en base a mi experiencia como hombre de negocios, la de mis socios que conocían la actividad y la de la gente que contratamos para que trabajara con nosotros, grandes conocedores del lugar y del mundo de la nieve».
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El valle en 1982, poco antes de comenzar la construcción del complejo
Los terrenos:
«Bunge & Born eran los dueños de los terrenos del valle. Ya tenían estudios previos sobre la viabilidad de lo que pensábamos hacer ahí, ellos tenían un proyecto similar. Los estudios mostraban excelentes posibilidades. Les compramos 228.000 ha, lo que es actualmente el valle y hacia el Norte. Aunque el terreno original incluía Valle Hermoso, la fracción que compramos no, siguió siendo propiedad de Bunge & Born».
«Bunge & Born» fue una multinacional de origen argentino, fundamentalmente del rubro agrícola ganadero y alimentício. Llegó a ser uno de los más grandes conglomerados de empresas a nivel mundial en este rubro.
Diseño de urbanización y pistas:
«Con la gente que habíamos contratado, algunos que ya venían realizando estudios en la zona antes que compráramos, Marcel Briand (un experto que aportaron mis socios franceses) y Roberto Thostrup, un esquiador y representante olímpico argentino, de Bariloche, gran conocedor de la actividad, diseñamos las pistas y la ubicación de los medios de elevación. El diseño de los edificios y la urbanización estuvo a cargo de un arquitecto amigo, Juan Schettini»
«El proyecto era inmenso, se extendía hacia el Norte, a lo largo de la Ruta 222 bastante más de lo que hay hoy en día, tanto en pistas, medios de elevación y desarrollo inmobiliario».
«Es incorrecta la idea de que los edificios se construyeron imitando la forma de las montañas, o para pasar desapercibidos en el entorno: su diseño obedece fundamentalmente a la practicidad de su construcción».
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Imágenes correspondientes a diversas etapas de construcción de la infraestructura inicial
La construcción
«No fue especialmente problemática la relación con el gobierno de turno. Había mucha burocracia, sí, pero les interesaba que el proyecto se concretara. Un organismo dentro del Ejército Argentino estaba a cargo del monitoreo del desarrollo en área de frontera (no se trata de Gendarmería), ellos facilitaron en parte las cosas».
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«Encargamos la construcción de todo a una empresa de Mendoza, Octavio D´ascanio. Los dueños eran tres hermanos de los que todavía guardo un gran recuerdo».
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«Todo se hizo en tiempo record. Empezamos con las obras en Enero de 1.982, e inauguramos la primer etapa de la obra en Junio de 1.983».
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«En el caso del aeropuerto de Malargüe, hubo que hacer la pista prácticamente desde cero, y remodelar el edificio. Se hizo en 68 días».
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«El trazado y asfaltado de la ruta la hizo el gobierno provincial, con el compromiso nuestro de crecer hasta las mil camas en un lapso de dos años. Si no cumplíamos teníamos que pagar la ruta. En esos dos años, llegamos a las dos mil camas».
«El tendido eléctrico de media tensión, desde la confluencia de la ruta 40 con la 226, tuvimos que encararlo nosotros, con fondos propios, así como la estación transformadora en el valle».
«Los nombres de edificios, pistas, medios de elevación, todos los que hacen referencia a la cultura y mitología grecoromana fueron idea de mi hijo Alan, que por aquel entonces tenía doce años. Era un fanático del tema. Él anotaba en un cuaderno los nombres que se le ocurrían y así íbamos asignándolos».
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Panorámica de esas primeras épocas del complejo de esquí
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La inauguración, los primeros años:
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Folleto publicitando la inauguración de Valle de Las Leñas
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«Cuando por fin inauguramos, y aún desde antes, desde la construcción misma, Las Leñas se convirtió en mi vida. Nunca dejé de manejar mis otros negocios, pero volaba dos veces por semana desde Buenos Aires a Malargüe y viceversa».
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Primer cuerpo de ventas, reunido en las oficinas de Buenos Aires
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Plantel de «Baby Leñas» en los primeros años
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Primer staff de actividades de verano
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«Tenía un equipo de gente muy capaz ayudándome. Eran seis personas responsables de todo, a manera de gerentes de área, cada uno responsable de su sector. También mis socios franceses aportaban sus conocimientos al manejo del complejo». 
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Parte del plantel de instructores de esos primeros años. Abajo en el centro, el director de la escuela de esquí, Roberto Thostrup
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«Nos preocupamos por innovar, por sumar actividades no convencionales en ese entonces, como las degustaciones de vinos, para nada comunes en el país en lugares como Las Leñas. Los hermanos Pulenta, de la bodega Peñaflor, llevaban sus productos, y el joven enólogo Angel Mendoza (hoy todo un referente de la enología argentina) dirigía las degustaciones. Forjamos una linda amistad con Ángel. Ha elaborado vinos especialmente para mí, y cuando debo viajar a Mendoza siempre nos damos tiempo para comer un asado en su bodega».
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Primer curso de formación de instructores de esquí en el Valle. 1984.
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Thostrup (izq.) llegó a ocupar altos cargos ejecutivos en la conducción del valle.
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«Con mucho esfuerzo, logramos que dos fechas de la Copa del Mundo de Esquí de la FIS, en la modalidad Descenso, se disputaran en Las Leñas. Fueron el inicio de las temporadas ´85/´86 y ´86/´87.».
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Hotel Escorpio. En su playa de estacionamiento el helicóptero utilizado por la organización de la Copa del Mundo
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Fue todo un desafío para Las Leñas lograr llevar a cabo estas pruebas. Se habían programado dos mangas, una en Cerro Catedral y otra en Las Leñas. Catedral debió desistir por falta de nieve. En Las Leñas debieron trabajar noche y día trasladando nieve desde otros sectores, por momentos esparciéndola con palas, para presentar una pista en condiciones.
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Así figuran hoy, treinta y cinco años después, los resultados de esa carrera en la página web oficial de la FIS
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En esos primeros años, Las Leñas no dejó de crecer, de ser orgullo y referente del esquí en Argentina y el mundo. Pero para finales de la década de los ´80 los problemas económicos aparecieron, hasta tornarse insostenibles.
«La verdad, me apuré en invertir. Quería seguir desarrollando el proyecto, creciendo. Y lo hice a un ritmo más rápido del que podía sostener el negocio mismo. Después vino la hiperinflación del ´89. No se pudo cumplir con las obligaciones con los bancos, y los bancos no quisieron esperar. Se terminaron quedando con el complejo un grupo de bancos, manejados por «pendejos» que no sabían nada del mundo de la nieve, pero que se creían que se la sabían todas. Así les fue».
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Lowenstein en su visita al Museo de las Leñas, en 2.005. A su lado el fundador y curador del mismo, Luis «Yiyo» Ballarini. En la pared, de color plata, los esquíes que Tito solía usar en el valle.
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Su última vez en Las Leñas
«Fue en el 2.015. Había fallecido un gran amigo, Eduardo Do Porto, con quien nos conocíamos desde el colegio primario. También trabajó conmigo durante mi gestión en Las Leñas, y le gustaba mucho el lugar. Me pidió que al morir,  esparciera sus cenizas en el valle».
Sobre la gestión actual de Las Leñas
«No opino sobre lo que no conozco o en lo que no participo»
¿Qué le dejó Las Leñas?
«Me fundí, imagínese. Pero el recuerdo muy bueno que me queda es el de la gente que trabajó en el valle mientras estuve allí. Gente excelente de la que guardo un gran recuerdo. Eso fue lo mejor de Las Leñas: La gente».
Elaborar este artículo requirió la lectura de otros anteriores, alguno de ellos en la misma  , www.nevasport.com  otros en diarios de la época. También conversar con muchos protagonistas en primera persona, gente que estuvo en contacto estrecho con Lowenstein durante la construcción y posterior gestión del centro de esquí. Puedo decir que el sentimiento es mutuo, quienes lo conocieron, quienes trabajaron con él guardan hacia su persona los mismos gratos recuerdos.
¿Qué es lo que no hay que hacer cuando se es dueño de  un centro de esquí?
«Le va a sorprender mi respuesta: No hay que hacerle tanto caso al cliente. El cliente del esquí siempre quiere más, siempre exige mejoras en infraestructuras, en servicios, en precios… Pero no necesariamente luego responde a estas exigencias, no siempre consume lo que exige o está dispuesto a pagar el real valor de lo que se le brinda. Hay que saber qué demandas tomar, y cuáles descartar».
Gran presencia y cobertura en los medios de comunicación
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Por suerte, al menos para nosotros los fanáticos de la nieve (no estoy tan seguro para ellos) todavía quedan soñadores. Recordemos que aunque fue una inversión pública, Juan Carlos Bégué fue actor principal en el proyecto de lo que se convertiría en Cerro Castor. Aún más en su posterior éxito. La gestión de Perito Moreno pugna por hacerse oir en el universo de los deportes de invierno en el país. Catedral nos promete un interesante proyecto de modernización y refuncionalización. Hacia el futuro, el profesionalismo con que están trabajando los mentores del proyecto El Azufre avisora otro hito en la historia de los centros invernales en el Hemisferio Sur. Y el largamente esperado Manantiales, hoy proyecto Cerro Punta Negra integrando los valles Portillo Argentino, Manantiales y Guanaquitas, sigue su camino legal hacia la concreción. Hasta el seco y pedregoso San Juan quiere integrar su geografía a la de las pocas, elegidas provincias argentinas con centros de esquí. Pero hasta hoy, fue Tito Lowenstein el último que a puro esfuerzo personal recorrió el camino del delirio al sueño, al proyecto, a la realidad. El último soñador.
Mi más profundo agradecimiento por las historias contadas, la paciencia y las imágenes aportadas a:
– Danio Ramonda
– Marcos Ripa
– Luis «Yiyo» Ballarini
– Alberto Pironti
– Vicky Tretrop
– Ricardo Solís
– Alejandro Spinello
– Agustín Silva
Y por supuesto, a Tito.
Fuente: www.nevasport.com

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