Tres elementos

*Un corazón, una esperanza, una cultura, un relajante léxico, y desventuradas personas. Desde el cerro más alto de mi historia cuento mis anhelos más profundos que alguna vez intenté al resonar mis sueños con campanas que emergieron de alguien más.

Una razón, una certeza, un habitable desierto, un amor. El silencio que perturba la noción de los tiempos recorridos, las caminatas que enriquecen los temores. La noche que nosotros creamos en costas vacías de amor.

Una brisa, una caricia, dos gestos, y la vida. Sembrando cárceles inciertas, derritiendo el rocío de mis tierras, parado ante un bosque de ostentosa ebriedad. Aquel soborno que blanqueó mis venas repletas de lujuria y que, en algunas ocasionas, migraron hacia el paisaje que soñamos.

Un canto, la lluvia, dos pieles, y la vida. La penumbra hacía reverencia, miles de soles entendieron. Y mis costas, mis brisas, y mi desierto obedecieron. La cantata del desierto nombró la vida como la cueva de la persona que nadie conoció. Sin principio, ni fin.

Un verso, una voz, un mensaje, un destino, y la vida. La tormenta que alucina las mentes y el deseo de alucinarnos. Alucinemos con nuestros pasos que recorren el sendero que jamás veremos de manera gemela. Simplemente, un sueño perdido en mi retorno de ser quien seré.

Un abrazo, una amistad, el placer, y esta prosa. Porque entre los cipreses nace lo que hace hermoso a esto de vivir: un ciprés, una rosa, y la libertad.
*Por Emilio Hopp

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