Una pequeña fiesta al trabajo

No era una tarea común, apenas amanecía con el frío del invierno cuando caía la helada, pero con todo el entusiasmo, el mate y la compañía de la familia, amigos y hasta algunos vecinos hacían que nos olvidáramos de la temperatura.

El trabajo venía del día anterior que consistía en la faena de los animales y allí en lo alto yacían colgando sus cuerpos inertes, ahi descansarían las reses preparándose para convertirse en exquisitos chacinados.

Arrancaba el día y se repartían las tareas básicas para el carneo familiar, algunos picarán la carne, algunos prepararán el tripaje para los embutidos, otros harán las mezclas y los menos experimentados en elaboración aprenderán o se encargarán de preparar el fuego para el tradicional asadito.

Todo era un ceremonial casi calcada la tradición desde tiempos remotos, herencia de nuestros abuelos y vaya a saber desde cuando se había convertido en una costumbre netamente familiar, quizás y seguramente nuestros abuelos ya lo habían convertido en costumbres traídas desde tierras lejanas.

En algunos casos esta costumbre habría tenido una connotación de fiesta porque por ahí aparecía alguna guitarra que deshojara alguna zamba, alguna tonada o una cueca cuyana ilustrada con baile que amenizará la jornada y ahí el trabajo se convertiría rápidamente en algo muy hermoso y entretenido.

El clásico asadito a toda hora de costillas de cerdo, los primeros chorizos y morcillas iban apareciendo no sin la presencia de algún vinito patero que sería testigo de esas jornadas.

Todo terminaba al cabo de un par de días, todo se guardaba, todo iba a ser necesario porque el año se hacía largo y nunca faltará algún momento especial para degustar esos carneos.

Van pasando los años, y parece que es capricho del destino y todo lo bueno se va perdiendo en el tiempo, esa vieja costumbre ha perdido su fuerza y la pérdida de la economía es la culpable que sólo quede la nostalgia y el recuerdo de los antiguos carneos devenidos en fiesta..

Pueda ser que las nuevas generaciones sean las que impidan desaparecer esta costumbre o al menos no la dejen morir en el intento…

Por Luis Gallardo
Texto extraído de «MIS MEMORIAS»
Algún día de invierno en algún distrito de San Rafael, Mendoza, Argentina

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