Venta de Buzones 2.0

Humor para leer y escuchar…Hoy, en exclusivo, desde la vida cotidiana,  Adrián Stoppelman, se asoma al engañoso mundo de la propaganda y sus malévolos métodos para tentarte a consumir. Léalo, que va a estar bueno y no lo va a defraudar con slogans vacíos.

El otro día uno de esos desafíos de redes sociales proponía “Decí algo que la gente joven no entienda”. Se me ocurrían mil, desde “disco rayado”, “pegame un tubazo” a “Revolución productiva y Salariazo” (Si. Ya pasaron más de 30 años).

Pero hay una expresión que si bien los jóvenes no entenderían, sigue vigente: “Vender un buzón”. Pasa que ahora se llama distinto: publicidad y marketing. 
Y son tantos los buzones que ya ni siquiera nos venden el buzón. No nos venden el producto. Nos venden la idea de que consumirlo mejorará nuestra vida para siempre.

No nos venden cerveza: nos venden “el sabor del encuentro”. ¿Qué sabor tiene “el sabor del encuentro”? Supongo que después de la tercera, bien mamado, se te da por probar el gusto de la oreja del que tenés más cerca. ¿Sabés qué cosa tenía “el sabor del encuentro”? Los bombones de Yiya Murano, seguramente. (Milenials: a buscar en Wikipedia)

No nos venden una gaseosa: Nos venden “destapá felicidad”. Que es un slogan más adecuado para una empresa de camiones atmosféricos o un laxante.

Y hay productos te dan una felicidad más efímera que gas de gaseosa de 3 litros.Ejemplo: Las papas fritas de los MacBurger. Ni bien servidas se deshacen en tu boca. Cinco minutos más tarde se enfrían y se vuelven astillas de aglomerado. Si pedís el paquete grande y lo dejás enfriar, te podés hacer una silla, una mesa o una prefabricada con las papas fritas.

No te venden un servicio de telefonía celular. Te venden que “Compartida la vida es más”.A mí me suena a aviso de club swinger. Pero creo que es el más realista de los slogans. Porque mientras vos vas idiotizado con el teléfono gastando gigas, vas compartiendo tu sueldo y tus ahorros con la empresa.

Y te endulzan con acciones de marketing, para hacerte sentir menos culpa. “Por cada café que compres en Estarbuk estás donando un peso para salvar al panda onanista de Flatulandia”. Y vos ni sabías que había un panda onanista, pero te tomás el café y te sentís la Madre Teresa de Calcuta con un Frapuchino en mano.

Lo que pasa es que nos han ido moldeando para tener deseos artificiales. 
Esquiar. ¿Cuál es la necesidad de ir a esquiar? Para partirme una gamba, es más barato un martillo y partírmela en la bañadera de casa donde por lo menos hay calefacción. Y te dicen los que esquían: “No sabés qué sensación increíble: es como volar”. No es como volar. Volar es como volar. Esquiar es como andar patinando en zig-zag sobre la nieve como un salame que se acaba de bajar 3 sabores del encuentro.

El ski no es para los que vivimos en las ciudades. Es para los que viven ahí en las montañas, en esos pequeños pueblitos donde lo mejor que puede pasarte en la vida es hacerte bolsa contra un árbol esquiando o sucumbir de aburrimiento.

O esa moda de hacer deportes extremos: el Bungee Jumping. Eso de atarse de una soga y tirarse de un puente. Yo siempre que veo las imágenes espero que no pase nada grave, pero… secretamente tengo una esperanza políticamente incorrecta. 
Y te dicen: “No sabés la sensación, la adrenalina… es como volar”. No. ¡No es como volar! Es como tirarse de un puente atado a una soga. Volar es como volar. Volar es planear, subir, bajar. Las palomas tendrán fama de bajo coeficiente intelectual, pero vuelan. Los salames, no.

¿Y no les pasa que, haciendo zapping en el cable, se enganchan con una serie y el capítulo no termina sino que sale un cartel que dice “Continuará”? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿Qué canal es este? ¿Cómo se llama esta serie? Y no la podés bajar de internet porque no sabés qué capítulo ni de qué temporada es. Eso es una estafa.

Pero bueno. Este tema da para mucho. Recién empieza y se me acaba el espacio así que, lo lamento mucho, pero… Continuará…

Por Adrián Stoppelman/Télam

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