Viene el Malón…!

San Rafael tierra de huincas.Esta semana la profesora e historiadora María Elena Izuel, nos habla de como los abórigenes atacaban a los blancos en nuestra zona.

HISTORIA DE MI TERRUÑO

ARTÍCULO N° 44

¡VIENE EL MALON!

Entre los aborígenes existían dos términos muy similares: malón y maloca; el primero se refería a un ataque bien dirigido, de improviso y con furia, contra una estancia o asentamiento de los huinca, o sea los blancos, aunque en realidad el término significa: el que no habla nuestra lengua. En el ataque destruían y robaban mercaderías, mujeres y niños, todo en un momento y luego huían.

La maloca, en cambio era un asalto a otra tribu, a una toldería enemiga en la que caían a la madrugada, antes de que asomara el sol y mataban a los hombres, quemaban los toldos y arreaban con el ganado, robando todo lo que podían inclusive mujeres y niños.

Hoy cuando usamos la palabra malón es para referirnos a un asalto a una persona amiga, a quien le caemos de sorpresa en el día de su cumpleaños u otra ocasión festiva, con alimentos, bebidas y regalos, pero en la antigüedad era muy distinto.

Los  malones, como ya dije: ataques de aborígenes a los centros poblados por los blancos, eran muy frecuentes en lejanos  tiempos y fueron organizados en su mayoría por desertores o bandoleros, como los tristemente célebres Pedro Pérez y Cáceres, quienes buscaron a los indígenas como aliados para consumar robos y asesinatos.

Sobre el Fuerte de San Rafael, cayeron varios malones y tenemos un hermoso relato de don Narciso Sosa Morales, que le fue referido por don Jacinto Moyano, un antiguo poblador que había sido testigo del hecho, cuando era niño, este malón se produjo en la Villa, el día 5 de julio de 1868: «En la noche del 5 de julio de 1868, todo el pueblo se hallaba entregado al reposo.

Los canes más que nunca aullaban como presagio fatal lo que no escapó al criterio del centinela del fortín que envuelto en su pesado poncho se paseaba nerviosamente, deteniéndose a veces, otras escudriñando en el abismo de la noche como si quisiera desentrañar su duda en el precipicio insondable de la oscuridad.

Parécele oir mucha gente vadear a cierta distancia del río, ruido de cantos rodados que las cabalgaduras apartan a su paso, retumbar de cascos en las lomas.

Pero no, toda la causa de su inquietud es el bramido del Nevado y así se dormita recostado en las almenas del fuerte, despertándose a cada rato sobresaltado como si un ser extraño se hubiera propuesto desvelarle.

Los primeros albores del alba se han diseñado y ya una claridad de rosa invade los campos yertos de frío. Alguien, a quien  la inclemencia del tiempo no le ha permitido continuar el sueño hace una fogata lo que reanima el ánimo del guardián que aterido de frío apenas si puede sostener entre sus manos el fusil de chispa. Va a bajarse a tomar el reparador calor pero antes echa un último vistazo por las lomas se restriega los ojos como para disipar dudas y gritando con todas las fuerzas que le permiten sus pulmones da la voz de alarma… ¡Los indios nos están rodeando!

E1 clarín suena estridentemente toda la tropa de la fortaleza compuesta por 150 hombres más o menos apresuradamente se prepara  para resistir la terrible avalancha de más de 1.000 indios, entretanto empiezan a llegar los vecinos a guarecerse de las hordas, el clarín continúa su llamada de amparo, incesantemente.

Hombres que buscan armas y colocación en las filas, niños mudos de miedo, mujeres que lloran porque ignoran de muchos familiares más lejanos que distantes del socorro que les ofrece el fuerte, quien sabe que será  de sus vidas. Ya se siente la carrera desenfrenada de los salvajes que se descuelgan de las lomas en medio de un infernal griterío golpeándose la boca… , han dado la voz de ataque, son fieras, son bestias con sed de sangre. Su movimiento es un relámpago, su acción un rayo. Así llegan como un huracán a las primeras casas.  Las  rodean en doble fila girando vertiginosamente en sentido contrario. Alguien que no pudo escapar a tiempo perece en este siniestro círculo de la muerte pisoteado por los caballos. Los hogares desvastados, lo que no pueden llevar lo sacan afuera para modelo como en una era.

Llegan a los almacenes, los dejan vacíos, como el tiempo no les permite cargarlo todo, en la calle mezclan yerba, café, azúcar, sal, vinagre para luego pisotearlo. Todo esto ha pasado en contados minutos. El ataque ha sido lanzado por estos estrategas del desierto en todas las direcciones, con el mismo ímpetu y furia sanguinaria, por todas partes suenan sus alaridos de bárbaros”.

En un próximo artículo les seguiré contando, ya que es muy interesante.

*Prof. María Elena Izuel

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