Y se hizo la luz…

Cuando Dios creó al mundo separó la luz de las tinieblas, desde el inicio de los tiempos hubo luz, pero era durante el día, ahí no había problemas, pero cuando llegaba la noche el hombre tenía problemas para iluminarse.

Uno de los descubrimientos más importantes que logró el hombre primitivo fue el fuego, tal vez lo hizo de forma accidental, al incendiar un rayo un tronco y quedaron las brazas. Se sabe que en un principio la tiranía del fuego era terrible y se producían guerras por ese motivo, porque al no saber cómo hacerlo, si se les apagaba, debía ir a pedirlo a otro pueblo o hacer guerra para obtenerlo.

Cuando aprendió a producirlo, las cosas ya fueron más fáciles  y se pudo iluminar en la noche, con haces de madera prendidas: antorchas;  luego con recipientes donde colocaba brazas o aceite, también los  combustibles, cuando encuentra petróleo, las velas, hechas con cera y grasa y luego el gas que podía transportarse hasta las casas por cañerías.

Lo más nuevo fue la electricidad, era más limpia, más útil, más sencillo, más económica, pero llevó mucho tiempo encontrar los medios para que alumbrara en las casas. Y fue gracias a don Tomás Alba Edison que inventó la bombilla eléctrica, la lamparita, obtuvo un material que se ponía  incandescente y no se quemaba, lo envasó al vacío y así tuvimos luz, esto ocurrió  en 1879.

Cuentan que luego de hacer las conexiones necesarias  en la ciudad de Nueva York, bajó una palanca y se hizo la luz en toda la ciudad, un enorme ¡¡¡OHHH!!!! brotó de todas las gargantas al ver la ciudad iluminada.

Una noticia que apareció en un periódico decía: “Gran invento termina con las noches oscuras”. Y así fue, cada día, se iluminan más las ciudades.


EN SAN RAFAEL

La iluminación en el antiguo San Rafael fue progresando poco a poco.

La revista Nativa de 1953 contaba que “El Marqués Gastón de Tuissy, había viajado a Europa en 1894 y regresó a la Colonia asombrado del invento de la luz eléctrica que había visto en Europa,  deseando que el Club Unión la aplicara, pero le respondieron que era más cómodo, más simple, más económico, seguir como estaban a kerosene corrido, fue una derrota del Progreso”.

En 1908 una comisión municipal estudió el problema de la iluminación en las calles y finalmente decidieron comprar tres faroles a kerosene, de última generación, a una empresa de Buenos Airees, a modo de ensayo. Cada lámpara costó $150.-, fue el primer alumbrado público.

En 1911 se ensayó un sistema de alumbrado que iba a llenar las exigencias de un buen servicio público y considerándolo desde el punto de vista de la Municipalidad esta reembolsaría bien pronto el valor de lo invertido mediante el pago de los usuarios. Se hizo un estudio a ver en qué calles pondrían las luces. Se facultó a la intendencia para establecer el servicio usando la lámpara “Spress” alimentada a alcohol desnaturalizado, dentro del radio comprendido entre las calles Rivadavia, Entre Ríos, Canal Pavés y calle Moreno. Se instalaron 50 focos de dicha luz. Pero duró muy poco. Actas Concejo Deliberante de San Rafael.

En 1912 hubo una propuesta de los Sres. Ramón Ureta y Manuel Asiain de Capital Federal, quienes pidieron la concesión para  instalar una Empresa de Alumbrado y fuerza Motriz eléctrica, esta oferta pasó a Comisión, pero finalmente fue rechazada porque excedía el presupuesto.

En 1913 se hizo un llamado a licitación para la instalación y provisión de  luz eléctrica en las calles y plazas. Se publicó en más de un periódico por 30 días. La ciudad de Mendoza contaba ya con luz eléctrica desde  1903,  con los servicios de la empresa Luz y Fuerza.


DON FRANCISCO TIRADO


El primero que dotó de luz eléctrica a algunas zonas de la ciudad fue don Francisco Tirado, quien era español, había llegado al país con su esposa en 1910, venía de haber  trabajado en usinas eléctricas de Málaga y también en Inglaterra, donde se había convertido en experto en maquinarias.

Se instaló en San Rafael y en una charla de café, les ofreció a sus amigos darles electricidad con una caldera de aserradero. Los amigos aceptaron y luego de hacer la instalación hizo funcionar la caldera y se hizo la luz, eran muy pocas casas y lamentablemente fue por muy pocos días, porque la caldera explotó.

Trabajó luego con el Sr. Dalmau como técnico en Máquinas, pero se separó y se puso por su cuenta en la calle San Lorenzo,  hasta que se instaló  una Compañía Inglesa con la que no pudo competir. Cerró y se fue a Chilecito,  en La Rioja, de donde nunca regresó.

Recién en 1918 se hizo el convenio de la Municipalidad con los Señores Sigüenza y Dalmau quienes finalmente instalaron  luz eléctrica en toda la ciudad.

 

 

 

Prof. María Elena Izuel

 

 

 

 

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